En mi ciudad. CDMX. Llena de matices y de complicadas realidades. Un verdadero Aleph que se manifiesta en cualquier esquina.
Ahora cubierta de un horroroso color morado. Los puentes temen caerse de vergüenza y los barandales quisieran abandonar su trabajo para echar a correr. Y algunas paredes parece que se vendrán a bajo solo para echarse a llorar...
Maldita ocurrencia, el color de la integración de los ajolotes dijeron, pero solo evidenciaron vanidad y arrogancia. La ciudad nos pertenece y no es de las bestias moradas que circulan en las avenidas y calzadas con branquias saliendo de atrás de la cabeza... Magníficas criaturas que de ver esa ciudad cubierta de pintura dejarían el país inmediatamente y que ahora son prostituidas a pesar de estar por desaparecer. El nuevo pie grande , el nuevo hombre polilla, así se hablara del antiguo monstruo de agua, que que desaparezca bajo capas de puto morado. Mientras el calor, la lluvia, el polvo consumen los espacios de la calzada de Tlalpan y una via muerta circula sin llevar nada estorba y dificulta la movilidad, un carril menos y ni una sola bicicleta en un trayecto de casi 10 kilometros. El Morado empieza a ganar espacio. Y solo se sigue demostrando que las cosas se hacen sin razón alguna.
Tráfico, lentitud, desgana, calor, y autos que lo se mueve. Por un parque aéreo que también es morado.
Más morado en bardas, el acecho del color triste, molesto y sin luz. Para un mundial que nadie pidió y que afecta más de lo que ayuda. Para un evento deportivo para afuera, los extranjeros, pero que nadie en el país disfrutará y solo se parecerá...
Que al final también. Cómo este gobierno es cansado, triste, aburrido y demorado.










